Isla Mujeres versus Cancun

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Dicen las profecías de los indios Hopi (Arizona), en sintonía con los mayas, que no queda mucho para que la humanidad sea azotada por un gran cataclismo. Ellos lo llaman la Gran Purificación de Fuego.

Ayer llegué a Cancún.  Si juntas Benidorm, Lloret de mar, Las Vegas y Marina d’Or ciudad de vacaciones, el resultado es Cancún, una basura de proporciones bíblicas. Un lugar donde sólo falta el mismísimo Berlusconi cantando ‘my way’ en la proa de uno de los cruceros que atraca en su puerto principal.

No han pasado ni 48h. desde que me viera en el estado de Chiapas, recorriendo las encantadoras calles de su villa emblemática San Cristobal de las casas, fantaseando con atravesar la espesura de la sierra norte en busca de un encuentro con el Subcomandante Marcos, como quien no puede irse de disneyworld sin hacerse una foto con micky mouse, que me tengo que ver en un lugar donde hay tantos fast foods que la radioactividad se puede cortar con cuchillo.

Me gustaría por momentos ser el gobernador de Yucatán. Sólo necesitaría 2 días para ejercer mi mandato. El primero para aprobar por decretazo una implacable Ley de costas que entraría en vigor al día siguiente. El segundo para aplicarla fletando 50 camiones llenos de goma 2, comandados por Charles Bronson como regidor de urbanismo, y demoler todos y cada uno de los mamotretos hoteleros que presiden el litoral cancunés.

Si los hopi y los mayas andan errados, o nosotros interpretándolos, quizás venga haciendo falta dicho cataclismo. Sobre este respecto me planteo si constituye una premonición críptica que Armageddon y Ahmadineyad tengan la misma musicalidad fonética.

Sea como fuere, he huido del referido lugar en menos de 24h. para recalar en Isla Mujeres, donde, desde la arena de la playa que parece polvos talco, puedes pasarte horas contemplando el vuelo del albatros, el vuelo del pelícano. Donde, en unas aguas de un azul turquesa casi fluorescente, puedes bucear hasta sentirte anfibio entre tortugas marinas y peces de colores. Donde por 50 dólares te llevan mar adentro a nadar entre tiburones ballena mientras comen plancton, impasibles ante tu presencia.

Así las cosas no alcanzo a comprender que la ocupación hotelera en Cancún esté saturada y no baje de 100 euros la noche y aquí puedas alojarte sin reserva por menos de 30 euros la noche. No entiendo todo ese gentío amontonado entre fast foods y malls con entretenimiento de cartón-piedra.

Ojalá venga pronto, por obra del Cielo o por obra del Hombre.

Firmado por Blanca di Castro. Emprendedora en el sector de la abogacía.


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